Por primera vez en sus 13 años de existencia, la Bienal de Fotografía presentará una exposición más fuerte y contundente, con sólo 23 propuestas de las más de 500 que se presentaron al concurso, y del que resultaron ganadores Gerardo Montiel Klint, con la serie "Volutas de humo" y Andrés Carretero con "Fenotipos". Con la Biena al parecer, se está llegando a tener un termómetro, por así decirlo, de lo que está pasando en la fotografía mexicana actualmente o de los caminos que se están explorando, de las maneras de producir, circular y de mostrar las imágenes. Si nos ponemos a pensar, hoy en día la nuevas generaciones de fotógrafos tienen un nivel de información y una posibilidad de conocer lo que está ocurriendo en otros lados y de contrastar el trabajo, que hace que nos encontremos con lenguajes cada vez más universales, aunque nunca perdiendo de vista nuestro entorno cultural. En esta exposición se conjugan la visión local, mexicana con una intención más universal. Los géneros como los conocíamos se han reinventado o mezclado, ya que cada vez encontramos más un tipo de fotografía que se mueve de una manera más libre entre la construcción y la documentación, cada vez encontramos portafolios que recurren más al uso de las tecnologías. Hay fotografía de todo tipo, desde fotografías de gatos y flores en el jardín, hasta trabajos relevantes que dan cuenta de lo que está sucediendo en la fotografía en todo el mundo. Por lo tanto, nos podemos dar cuenta que la mayoría de los trabajos fueron producidos de una manera vanguardista, tecnológicamente hablando, no porque éstos tenga como destino principal la red, sino porque las nuevas posibilidades de información que tienen los creadores, les permiten confrontar puntos de vista, cultura y educación visual. Tal exposición aunque ha llegado a su fin, aún quedan residuos de excelente expresión gráfica de cada acontecimiento.